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| Añorando los tiempos del mercurio |
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Almadén, “la mina” en árabe medieval, ya extraía cinabrio en tiempos de los romanos y el mercurio obtenido de ese mineral fue un símbolo del desarrollo industrial de España. Pero esta minería tan antigua está a punto de extinguirse debido a los muchos riesgos sanitarios y ambientales del “oro líquido” de otros tiempos. En esta comarca ciudadrealeña conocen perfectamente los peligros del mercurio pero le tienen más miedo al paro o a la emigración y, aunque preferirían seguir teniendo las minas abiertas, no ven con malos ojos el proyecto de un “cementerio químico” para todos los desechos mercuriados de Europa. Una instalación que pondría en pie de guerra, seguramente, a cualquier otra comarca de España.
Como otros químicos peligrosos, y para desgracia de Almadén y su entorno, Bruselas y los gobiernos europeos, incluido el español, han acordado eliminar de la Unión en la próxima década el uso de productos mercuriados –casi todos tienen hoy alternativas menos peligrosas- debido a sus múltiples riesgos para la salud humana y el medio ambiente. La Estrategia del Mercurio aprobada en junio de 2005 por los ministros europeos de Medio Ambiente y la Comisión Europea –falta la aprobación de la Eurocámara- prohíbe las exportaciones de mercurio fuera de la UE a partir del 2011 y restringe desde ya el comercio y aplicaciones del metal dentro de la Unión. Ya lo primero, la prohibición de exportar, “es el fin de Minas de Almadén”, en palabras del director de metalurgia, Javier Carrasco, dado que las ventas de esta empresa pública, en un 95%, se destinan al sudeste asiático y Sudamérica. Aunque el certificado de defunción de estas minas lo ha firmado el Consejo Europeo con la aprobación de la Estrategia del Mercurio.Minas de Almadén y Arrayanes (Mayasa) cesó de extraer cinabrio en 2002 y, un año después, paró también la fundición que convierte aquel mineral rojizo en mercurio líquido. La crisis del sector, sin embargo, viene de lejos, de los años 80, cuando nuevos datos sobre los riesgos sanitarios y medioambientales del mercurio provocaron restricciones en todos los países desarrollados. Desde 2001, Mayasa ha hecho frente a la crisis de mercados produciendo de una forma más barata: compra todo el mercurio residual –la empresa prefiere llamarlo “excedentario”- que produce la industria cloroquímica europea y sólo tiene que eliminar las impurezas para obtener un mercurio de igual calidad que el producido hasta entonces en su fundición. Aunque Mayasa sigue siendo el mayor productor mundial en este sector, el refino de mercurio y su comercialización apenas emplea hoy a 90 personas, cuando en su mejor época, a mediados de los años 50, alcanzó los 2.400 empleados. Y para todas las empresas que vivían indirectamente de la mina, la situación es igualmente desesperada. En Almadén, que ha producido un tercio del el mercurio usado a lo largo de la historia, todos piensan que el Estado les ha abandonado a su suerte desde hace dos décadas, y desconfían de las promesas de ayudas comunitarias. Recuerdan, además, que, cuando la Corona española o el franquismo necesitaban divisas desesperadamente, los mineros de esta comarca sostuvieron la economía del país. Y lo hicieron, además, pagando un altísimo precio debido a las terribles condiciones sanitarias en que trabajaron. El antiguo Hospital de Mineros, levantado a mediados del siglo XVIII y hoy restaurado como Museo de la Minería, recuerda al visitante los padecimientos seculares de aquellos mineros que dieron a España el antaño conocido como “oro líquido”. En particular, era temido el hidrargirismo, un envenenamiento que destruye el sistema nervioso central y que hizo célebre el sombrerero loco de “Alicia en el País de las Maravillas”, precisamente, loco por respirar el mercurio con que trataba el fieltro de sus sombreros. “Cuando era niño –explica Eusebio Calvo, antiguo minero y hoy cuidador del museo-, en los años 60, a los que trabajaban en la metalurgia [la actividad que más vapores peligrosos producía], cada 15 días les hacían análisis de orina, y, si superaban un cierto nivel de mercurio, les apartaban del trabajo y les daban saunas hasta que bajaba el nivel; por eso –y por el uso de mascarillas- ya entonces no salían enfermos crónicos de hidrargirismo”. Hoy, la enfermedad tradicional de los trabajos con el “hidrargirium” o mercurio está prácticamente erradicada. Daniel Naharro es, a sus 73 años, el último de Almadén que la sufre, y, pese a su dolencia, no guarda ningún rencor a Minas de Almadén, la empresa en la que trabajó durante 35 años. “Yo no sé lo que es el calor –explica este antiguo metalúrgico de Mayasa enseñando las cuatro prendas que viste bajo el jersey, dentro de casa-, ni en verano ni en invierno; me dieron saunas para expulsar el mercurio, pero tuve una subida de tensión y me dieron dos infartos”. “Sabemos que el mercurio bueno no es –añade- y se ha muerto gente de la mina muy joven porque antiguamente no había los adelantos que hay ahora, pero yo voy tirando como puedo hasta que me llegue la hora”. Ayudas compensatoriasA Minas de Almadén tampoco le he llegado su hora, pero su situación es crítica. La Estrategia del Mercurio, que aprobará el Parlamento Europeo en primavera, sólo permite exportar el metal fuera de la Unión hasta el 2011. ¿Y luego qué? La presión del gobierno español a Bruselas ha permitido a última hora concretar el mecanismo de compensaciones por el cierre de la actividad minera, y el Ministerio de Medio Ambiente es optimista sobre las ayudas que pueda otorgar la UE a esta comarca manchega en los próximos meses. Por el momento hay sobre la mesa dos “actividades alternativas” que llevan esperanza a una población que, en muchos casos, ya piensa en irse a trabajar a Ciudad Real o Madrid. La primera es una especie de parque temático que, desde el próximo verano, transportará al visitante al remoto subsuelo para que conozca la minería tradicional del mercurio. “El visitante –explica Javier Carrasco, director de metalurgia de Mayasa- accederá por el pozo principal (San Teodoro) a través de un ascensor; hará una visita a pie con guía y, después, bajará a otra planta desde donde cogerá un tren de los que se usaban en la mina –debidamente acondicionado para la comodidad del visitante- y saldrá a la superficie por el edificio de fundición, que está siendo restaurado en estos momentos”. El ayuntamiento almadense espera que este parque minero, junto al magnífico paisaje boscoso de la zona, impulse un sector turístico pujante que sustituya a las minas como motor de la economía local. El otro gran proyecto de desarrollo es el futuro almacén que acogerá todos los desechos mercuriados de la Unión Europea, menos turístico que lo anterior pero que también creará algunos puestos de trabajo. En efecto, la Comisión Europea está decidida a acabar en los próximos 10 años con la contaminación por mercurio dentro de la UE y, para que el material recogido no sea reciclado y revendido en algún país del Tercer Mundo, Bruselas ha propuesto un almacén definitivo que acogerá todos los productos mercuriados que hemos usado los europeos. ¿Dónde? Minas de Almadén tiene todas las papeletas a su favor, ya que es la primera empresa que se ha ofrecido para tan poco atractiva instalación y cuenta, además, con el respaldo de la Comisión Europeay del Ministerio de Medio Ambiente. Tabla de salvaciónEn estos tiempos en que cualquier instalación de desechos en los países desarrollados es visceralmente contestada por sus posibles vecinos, Almadén ha encontrado en este “cementerio químico” una tabla para salvar la empresa minera y una parte de los puestos de trabajo que antes daba en la zona. “Existe el ofrecimiento por parte de Mayasa de colaborar con la UE para resolver el problema de los excedentes de mercurio –explica con palabras cuidadosamente escogidas el presidente de Mayasa, Eduardo Martínez-. El almacén temporal de excedentes de mercurio -que no un cementerio de residuos, como se dice por ahí- garantizaría la pervivencia de la empresa a largo plazo”. “Un cementerio químico como ése –contesta Leticia Baselga, experta en mercurio de Ecologistas en Acción- supondría camiones y camiones, barcos y barcos transportando residuos peligrosos por toda Europa, y eso nos parece un riesgo inaceptable”. “¿El almacén? –contesta Fernando Rivera, propietario de una cafetería en la Plaza del Mercado- Aquí no nos asusta el mercurio, el almacén lo vemos muy bien si está todo controlado y no se puede negar que estamos mejor preparados que nadie para controlar eso”. Aunque muchos desconocen aún el proyecto del almacén de desechos europeo, ningún colectivo hasta la fecha ha alzado su voz contra él.Aunque el parque temático y el depósito de desechos han abierto posibilidades de supervivencia para Minas de Almadén, los despidos no han acabado en esta empresa que aún empleaba a más de 500 personas hace una década y que hoy no pasa de los 90 empleados. Vicente Calderón, administrativo destinado a guarda de entradas y salidas, lleva 24 años en la empresa y recuerda con nostalgia los tiempos en que Minas de Almadén era una empresa estratégica del Estado. “Esto era un hervidero de gente, ahora ya no es nada”, lamenta. Como cientos de trabajadores antes que él, Calderón se ha acogido a un plan de prejubilaciones y en marzo él también se irá también a casa. |
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