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Consejos para ahorrar gasolina y emisiones con nuestro coche

Con los carburantes batiendo records de precio en medio de una profunda crisis económica, hemos pensado en Agencia Dossier que es buena época para cambiar el coche por transporte público y, cuando no sea posible esto, sigamos unos sencillos consejos para ahorrar gasolina y emisiones al circular por las calles e, incluso, en el momento de rellenar el depósito.

Como explican los profesores de CEA, Prevensis, el RACC y otras entidades que ofertan cursos de conducción eficiente -muchos de ellos, gratuitos- , la gran tarea para llegar a ser un eco-conductor está en la caja de cambios. La primera y la segunda marcha son los grandes enemigos de nuestro depósito de gasolina: cuanto menos circulemos en estas marchas potentes, mejor. Uno o dos segundos después de iniciar la marcha en primera, hay que cambiar a segunda y en cuanto veamos el camino despejado para seguir circulando, cambiamos a tercera, cuatro o cinco segundos después.

¿Qué se cala el coche en tercera y a 20 kilómetros por hora? Haga la prueba y verá que no es así: los coches modernos casi nunca se calan y vamos tan seguros en segunda como en tercera, sólo que consumiendo menos gasolina.

Al parecer, en recorridos urbanos, circulamos casi siempre con una o dos marchas más bajas de lo que permite el coche y aconseja un uso eficiente del mismo. Seguramente, por malas enseñanzas de las autoescuelas o porque la evolución de los coches va muy por delante de la evolución de los hábitos al volante, apuramos las marchas hasta revolucionar el motor 2.500 ó 3.000 revoluciones por minuto. “Casi todo el mundo sube de marcha cuando lo pide el motor, pero cuando aumenta mucho el ruido es porque el motor ya va muy forzado, hay que cambiar de marcha mucho antes”, explica Daniel, profesor de la firma Prevensis en cursillos de este tipo. Si el motor lo permite, ahorra bastante gasolina –y emisiones- ir en una marcha larga con el acelerador bien pisado que en otra más corta y el acelerador apenas pisado.  De modo que llegar a las 3.000 revoluciones, como es costumbre de millones de conductores, no sirve más que para malgastar combustible y disparar las emisiones.

¿Cuándo cambiar realmente a una marcha más alta? Por regla general, en un motor de gasolina, cambiaremos a una marcha superior cuando el motor esté en la zona entre 2.000 y 2.500 RPM. Si es un coche con motor diesel, lo haremos entre las 1.500 y las 2.000 RPM. Una relación de marchas de acuerdo a la velocidad del coche quitándole el cero es una regla mnemotécnica perfectamente válida: a 20 kilómetros por hora, cambiamos a segunda marcha; a 30, pasamos a tercera; a 40, metemos la cuarta y, si no hay obstáculos en el horizonte, a 50 kilómetros por hora y con el motor revolucionado a unas 2.000 giros por minuto -no más-, metemos la quinta velocidad.

Eso sí, si subimos de marcha, el número de revoluciones baja bruscamente, por lo que conviene hacer el cambio deprisa y, una vez concluido esto, pisar el acelerador lo justo para volver a esa zona de rendimiento óptimo del motor, lo que se denomina “par motor”. Si el motor cae, por ejemplo, a 1.000 RPM al pasar de tercera a cuarta velocidad, esto obligaría a pisar a fondo el acelerador, y eso supondría un gasto extra de gasolina o gasoil. No merece la pena.

Otro mito erróneo que se desvanece en estas clases de "eco-conducción" es que no se debe saltar dos marchas de una vez; por ejemplo, de segunda a cuarta o de quinta a tercera. Aunque no estemos acostumbrados a estos movimientos en la caja de cambios, se puede hacer en ocasiones porque el motor lo tolera perfectamente y porque puede ser conveniente, por ejemplo, al cambiar de dirección o al pasar de una cuesta arriba a una cuesta abajo.

¿Qué vemos un semáforo en rojo al fondo? No hay que bajar en principio de marcha, lo que sí debe hacerse es no acelerar ya y dejarse llevar en una marcha larga, sin tocar el acelerador y aprovechando la inercia del vehículo. Esto último -la inercia- es un concepto básico de la conducción eficiente. Por cierto, se puede perfectamente frenar en cuarta o en quinta marcha hasta casi detener el vehículo y, en el último momento, pisar el embrague para que no se cale el motor

Repostar mejor

Además, de conducir mejor, tampoco está de más seguir algunas normas a la hora de repostar. Verá que puede ahorrarse uno o dos euros por cada depósito.

Reposte por la mañana temprano. La temperatura ambiente y la del suelo es más baja y, como todas las estaciones de servicio tienen sus depósitos bajo tierra, la densidad de la gasolina y del gasóleo es más pequeña. Por el contrario, cuando la temperatura del suelo sube, los carburantes tienden a expandirse, de modo que si usted llena el depósito al mediodía o por la tarde, un litro de combustible medido por el surtidor no será un litro exactamente.

No llene el depósito cuando se están rellenando los tanques de la gasolinera o inmediatamente después. Al rellenar los tanques, se remueve el combustible que quedaba en los mismos y los sedimentos del fondo. El resultado inmediato es un carburante más turbio de lo normal y con más sedimentos, de modo que, si no espera a que se decanten esos sólidos, le estará haciendo un flaco favor al motor del coche y, sobre todo, reducirá la eficacia del carburante, lo que obligará al vehículo a consumir más. Así que, si llega usted a la estación de servicio y ve un camión cisterna que está rellenando los tanques subterráneos de la misma, evite, si puede, repostar en esa estación o hágalo más tarde.

Cuando llene el depósito, no apriete la manilla del surtidor al máximo. Dicho de otro modo: elija el modo de repostaje más lento y ahorrará dinero. ¿Por qué? Si se llena el depósito apretando la manilla al máximo, un porcentaje del carburante que entra en el depósito se transforma en vapor y vuelve por la manguera del surtidor al depósito de la estación, de modo que pagamos una cierta cantidad de gasolina que nunca vamos a usar. Al abrir la manguera lentamente, en cambio, se crea menos vapor, y hay por tanto menos pérdidas de gasolina.

No apure nunca el depósito, rellénelo antes de llegar a la reserva. Cuanto más combustible haya en el depósito, menos aire entra en el mismo y se produce menos evaporación. Por eso, los depósitos cisterna de las refinerías tienen techos flotantes en el interior que separan el aire del combustible y reducen al mínimo la evaporación.

Rafael Carrasco

Última actualización el Viernes 16 de Marzo de 2012 13:53