| Luz excesiva |
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Está comprobado, además, que la proyección de luz en el medio natural origina fenómenos de deslumbramiento y desorientación en numerosas aves. Esto rompe muchas veces el equilibrio poblacional de las especies depredadoras nocturnas y las depredadas, ya que éstas últimas pierden el refugio de la oscuridad; pero, incluso, aves, como los búhos, con una visión nocturna casi perfecta, sufren deslumbramientos que les ponen más difícil la caza. Por contra, los depredadores diurnos proliferan ya que pueden localizar presas las 24 horas del día. La luz artificial también incide sobre los ciclos reproductivos de los insectos ya que evitar las “barreras del luz” les obliga a recorrer crecientes distancias para encontrar pareja. De rebote, la flora se ve afectada al disminuir los insectos que realizan la polinización de ciertas plantas, incluidos, seguramente, muchos cultivos agrícolas.
Pero también las personas padecen -muchas veces de modo imperceptible- los efectos de la falta de oscuridad. La presencia de ésta en el ambiente durante la noche puede ser causa de sueño inquieto, insomnio, cansancio y nerviosismo. Ciertos estudios realizados en Norteamérica apuntan hacia una conexión entre las bombillas de vapor de mercurio (luz blanca) y mayores índices de agresividad. Investigadores del Trinity College de EE UU han calculado, incluso, que una décima parte de la población mundial ha atrofiado la capacidad de visión nocturna ya que nunca es tan oscuro como para que entre en juego este mecanismo del ojo humano.
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