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Integral



Canadá frena al bisfenol

Canadá se ha convertido en el primer país del mundo que clasifica al bisfenol A, un plástico de amplio uso en la industria electrónica, en farmacia y en alimentación, como "sustancia tóxica", pese a la oposición de la industria química de Estados Unidos, Europa yJapón. Según el decreto canadiense de inclusión en la “lista negra”, “una evaluación científica sobre el impacto de la exposición al bisfenol A revela que esta sustancia constituye un peligro para la salud humana y para el entorno”. Según el Ministerio canadiense de la Salud, el bisfenol A (o BPA) produce efectos “serios” y “potencialmente irreversibles” sobre el “desarrollo del sistema nervioso central y el comportamiento”.


En 2009, Canadá ya marcó el camino al prohibir la utilización de esta sustancia en la fabricación de biberones. Francia y Dinamarca seguirían el ejemplo en 2010 y, el pasado mes de noviembre, la Comisión Europea anunció que, a partir de marzo de 2011, el compuesto químico quedaba prohibido en la fabricación de biberones tras el dictamen del Comité Permanente de la Cadena Alimentaria. Según el comisario de Salud y Consumo, John Dalli, existe “incertidumbre” en torno al bisfenol A y a las repercusiones que pueda tener “en el desarrollo, la respuesta inmune o el desarrollo de tumores”.


“La decisión tomada -matiza el "ministro" de Salud de la UE- es una buena noticia para los padres europeos que pueden estar seguros de que, a mediados de 2011, las botellas de plástico infantiles no incluirán” el controvertido compuesto. Sin embargo, la Unión Europea no ha tomado ninguna medida para restringir el uso de este inquietante plástico estrogénico en otros usos de boca, como los empastes dentarios o el recubrimiento interior de las latas.

Hasta la fecha, más de 30 equipos científicos de todo el mundo han concluido que la exposición a distintos niveles de bisfenol provoca, con toda probabilidad en animales y, posiblemente, también en personas, alteraciones en el sistema endocrino por imitación de la hormona estrogénica (lo que se denomina “estrogenicidad”), subfertilidad, toxicidad y hasta distintos tipos de cáncer. “La evidencia científica contra los efectos del bisfenol A se sigue amontonando ", explica Nicolás Olea, uno de los más prestigiosos investigadores sobre químicos estrogénicos.

También es cierto que algunos estudios internos de la industria, así como otros publicados en revistas científicas y en revistas de la propia industria, muestran una ausencia de riesgos sanitarios que, cuando menos, arroja dudas sobre los "estudios acusadores". De hecho, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria mantiene aún que “no existen pruebas” sobre efectos negativos sobre la salud humana del bisfenol.